Ahora bien, haciendo un acercamiento a los gestos de la paciente, podemos recordar cuánto es lo que sufrimos en el dentista, teniéndonos largos ratos con la boca abierta, mientras este atiende el teléfono, limpia sus herramientas, abre el Facebook o se toma un té de manzanilla. Es allí donde se nos cruzan los peores pensamientos, que van desde golpearlos con la luz que nos está quemando las retinas, ahorcarlos con la manguerita que succiona la saliva o meterles el torno mientras está encendido en el ojete.
#nosubasesoHDP
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